Por Carles Picher, abogado en Bonet Abogados.

El sector inmobiliario renace de sus cenizas, se encuentra en expansión y en constante crecimiento. No lo decimos nosotros, lo demuestran los datos del Ministerio de Fomento, que evidencian un aumento de visados para viviendas del 29% en el año 2016 y previsiblemente superior al final del 2017.

Las principales firmas hablan de alcanzar cifras entre 3.000 y 4.000 viviendas anuales, pero sobre todo y más importante, con una capacidad de gestión y financiación más autónoma, gracias a la experiencia del pasado y a una financiación más diversa, a través de los fondos de inversión extranjeros, con lo que disminuye la dependencia del sector bancario.

En este sentido, además de las ya conocidas promotoras como Metrovacesa y NeinorHomes, entre otras, existen las llamadas promotoras familiares, que supieron campear la crisis evitando endeudamientos bancarios y bolsas de suelo, y se encuentran en disposición de disputar el creciente mercado inmobiliario. Entre ellas la empresa vasca Amenabar o la navarra ACR, están promoviendo en las principales ciudades de España un número de viviendas en línea ascendente en los dos últimos años.

Operadores nuevos y actitudes que parecen haber asimilado la crisis inmobiliaria han propiciado una clara recuperación en el sector. Los nuevos tiempos conllevan nuevas formas de promoción, una mayor autonomía financiera de las promotoras y un sector bancario mucho más exigente en el análisis del riesgo del crédito, deben conllevar a no volver a las andadas de un pasado afortunadamente superado.