Por Antonio Paños.

El sector financiero español  sigue tratando de encontrar un modelo, perdurable y rentable, de hacer negocio bancario. Los tipos de interés bajos y la feroz competencia hacen que las cuentas de resultados se tengan que nutrir de otras cosas, más comisiones, menos transaccionalidad en oficinas y menos costes por todos lados.  Se acabó, como modelo, el que era intensivo en red de oficinas, se cierran puntos de venta y se reduce plantilla mientras se mantiene una dura pugna por el cliente o, por ser mas precisos, por tener clientes a los que poder cobrar.

Esto en banca doméstica, porque aquellos que tienen filiales fuera de nuestro país, están recibiendo a diario malas noticias.

Se fía todo a la tecnología y a la operatividad de la banca no presencial, es irrelevante aparentemente que se pierda capacidad relacional de los clientes, si ello no aporta resultados.

Las entidades rescatadas están aún sin un mapa cerrado (y por tanto el sector),  se sigue reduciendo el abanico de posibilidades de financiarse, por voluntad de una patronal regida por pocos y un gobierno influido por esos mismos. No deja de ser curioso que se repartan dividendos en la banca rescatada antes de devolver las ayudas recibidas. Para entender esta frivolidad sólo habría que preguntar a la banca en cuantos procesos de reestructuración de empresas ha intervenido en los que haya habido pay out al accionista por delante de la devolución de los capitales prestados por los bancos refinanciadores.

Es obvio que Ud. sólo sería accionista de una cotizada si le parece aceptable o retributivo el dividendo, pero resulta al menos curioso primar al 40% del accionariado de una entidad frente al conjunto de contribuyentes originadores de los fondos del rescate bancario.

Para completar el panorama, la desconfianza en las entidades por prácticas pasadas y mala reputación sigue cotizando al alza, las entidades en defensa de su cuenta de resultados se ciñen a marcos legales,  a una escasa transparencia y regular equidad en el trato con sus clientes. Las reacciones ante las clausulas suelo dependen del balance de cada cual, quien ganó y debe provisionar pérdidas espera a que se lo digan los juzgados, quien no las tiene en su balance hace de la situación  virtud y se posiciona como defensor de intereses de sus clientes. En todo caso, ¿cómo se va a ganar dinero, ampliar los recursos propios y no pedir más dinero en ampliaciones a los accionistas? Difícil momento y complicadas soluciones.

La verdad es que el efecto más visible es que si Ud. es empresario, hace 8 años tenía 10 entidades con las que podía operar, mientras que hoy  ese abanico se le ha reducido en 2/3 sin que sus necesidades de financiación se hayan reducido.

En realidad, las pymes tienen una nula capacidad de negociación en la medida en que requieran de servicios bancarios para mantener su actividad. Es verdad que hay dinero para invertir, océanos de dinero sería más propio decir, pero las pymes siguen recelando de un futuro en manos de pocos actores bancarios.

La crisis bancaria se ha venido resolviendo con mayor  lentitud de la debida probablemente porque los supervisores pusieron el foco en el capital, ¡¡¡viva Basilea!¡! Todo se resuelve con  capital, cuanto más mejor, de primera categoría, fully-loaded, del que sea, pero al final imperaba una sobrecapitalización que motiva que los accionistas no vean donde va a estar su rentabilidad si son accionistas de un banco. La duda es lógica, ¿más capital para el mismo resultado y lo mismo o menos a distribuir? ¿Dónde está el negocio?

Por cierto, ¿pensaron los reguladores en estrechar la capacidad de gestión de los modelos de negocio? Si estratégicamente queremos que nuestra inversión crezca en sectores de alto riesgo, por más capital que nos impongan, el modelo de negocio y su ejecución puede poner en cuestión las necesidades de capital, pero esto es harina de otras reflexiones.

Y en estas llegó Trump y su proteccionismo.

Continuara.